La Cançó de la Croada Albigesa (y V)

Para finalizar esta serie de entradas concernientes a la historia del catarismo, según “La Canción de la Cruzada Albigense”, vamos a resumir aquí el contenido de la última parte del libro que, como ya dijimos anteriormente, se desconoce al autor de la misma.

Al conocer la noticia de la caida de Tolosa en manos del anterior conde, Guy de Monfort, lleva su ejército para retomar la ciudad, pero los tolosanos, defendiéndose como pueden, con la ayuda de los caballeros que allí se encontraban, entre ellos los condes de Foix y de Cominges, logran derrotar y hacer retirar el ejército del hermano de Simó. Éste se siente humillado y reprende a sus hombres por dejarse vencer por un puñado de villanos y gente sin tierra.

A continuación envía un mensajero a Simó que se encontraba gozando de su privilegio de Duque en Narbonne. Cuando Simó recibe la noticia, parte sin dilación a recoger un nuevo ejército para dirigirse a Tolosa. No sin antes hacer jurar fidelidad a los nobles de Narbonne, cosa que éstos, desconociendo aun la caida de Tolosa, realizan, no sin cierta reticencia. Pero nada más partir el de Monfort, llega a Narbonne la noticia de la triunfal entrada de Raimon en Tolosa y los ciudadanos salen a la calle para celebrarlo.

Nada más llegar a las inmediaciones de Tolosa, se encuentran los dos hermanos para que Guy informe de los hechos y de la situación a Simó. Mientras los dos ejércitos se despliegan alrededor de la ciudad, desde la cual, con estremecimiento observan las maniobras de los franceses. De esta forma, en octubre de 1217 se inicia de nuevo el asedio de Tolosa por parte de los franceses, mientras los provenzales se preparan para la defensa. A la ayuda de la ciudad han acudido caballeros “faidits” de todos los alrededores.

Los franceses se lanzan al ataque, pero la bravura de los defensores consigue, no solo detenerlos, sinó incluso derrotarles estrepitosamente.

Simó de Monfort, con su hermano, vencidos, regresan a Narbona. Allí convocan a los nobles que están de su parte para reorganizarse. Entre las propuestas debatidas, se habla de levantar una nueva ciudad llamada Tolosa la nueva, cerca de la otra, para, desde allí, sitiarla y atacarla.

Finalmente el rearmado ejército de Monfort, parte y pone cerco a Saint Cyprien, pero éste dura poco, ya que los tolosanos, salen en su ayuda, obligando a los franceses a levantar el asedio y salir corriendo.

Viendo venir que el de Monfort no se rendirá, el Conde Raimon convoca concilio en la Iglesia de Saint Sernin, con el objetivo de preparar la defensa de la ciudad.

Tolosa se prepara para un nuevo ataque, mientras el conde parte hacía Foix para recibir allí el reconocimiento y su vasallaje ofrecido por ellos.

Por otro lado, el de Monfort, reorganiza por “enésima” vez su ejército y en consejo deciden atacar al amanecer para pillar desprevenidos a los de la ciudad.

Pero con lo que no contaban los franceses era que los tolosanos no estaban del todo dormidos y con Bernard de Cominges al frente, deshacen una vez más el ataque y los obligan de nuevo a retirarse.

El de Monfort envía al rey de Francia un mensaje solicitando refuerzos. A la vez que llegan más refuerzos para ayudar a los de Tolosa.

De esta forma se llega a la primavera de 1218. Los franceses tienen su campamento situado entre Tolosa y Narbona. Tolosa arma un ejército y sale de la ciudad para atacar el campamento francés. La batalla es dura, pues durante la misma coincide con la llegada de algunos refuerzos de parte de los franceses y algunos nobles caballeros provenzales caen durante la batalla, pero al final los de Monfort son vencidos otra vez.

Finalmente llega el grueso de los refuerzos solicitados por el de Monfort y se disponen a poner cerco de nuevo a Tolosa.

Tolosa es asediada por los dos lados del rio. Pronto se inicia la batalla, empezando por el lado de Saint Cyprien, que los franceses quieren tomar para controlar los puentes.

En esta ocasión los elementos ayudan a los franceses, pues empieza una fuerte lluvia que pronto desborda el rio y destruye la defensa de Saint Cyprien, lo cual aprovecha el de Monfort para ocupar aquella parte en cuanto bajan las aguas y fortificar el Hospital. Este contratiempo para los tolosanos da alas a los franceses que enseguida, a través de los puentes atacan y toman las fortificaciones del otro lado del puente que defienden la entrada a la ciudad.

Cuando peor se estaban poniendo las cosas para los Tolosanos, sucede un hecho inesperado, la llegada del noble provenzal Bernard de Cazenac, al frente de un magnífico ejército que entra en la ciudad por la parte opuesta a donde se habían instalado los franceses, sin embargo el júbilo y el ruido de los tolosanos fue tan grande que el de Monfort enseguida adivinó lo que pasaba. De esta forma sale del hospital para cruzar el rio y convocar en el puesto de mando del asedio un consejo.

Al día siguiente, el 2 de junio de 1218, los franceses, con el de Monfort al frente se dirigen hacía los campos alrededor de la ciudad para arrasarlos y terminar así con las ayudas que recibía la ciudad de los habitantes y agricultores de esta zona. Al apercibirse de ese movimiento, los tolosanos salen al encuentro de los franceses, encontrándose ambos ejércitos en la esplanada de Saint Sauveur, donde se inicia una encarnizada batalla, que termina poniendo en fuga de nuevo a los franceses.

Al día siguiente es el día de Pascua de Pentecostés, el 3 de junio de 1218. Simó de Monfort con sus caballeros, obispos y demás acuden a celebrar la misa de pascua y a continuación se reúnen de nuevo en consejo. Durante el consejo les avisan de la llegada de refuerzos franceses, el Conde de Soissons, al frente de un ejército.

Pero los tolosanos reciben también, por su parte, una gran alegría, el joven hijo del Conde, llega también en estos momentos, blandiendo el estandarte de la casa de Tolosa (la cruz que algunos, de forma malentendida, llaman cátara), llega al frente de otro ejército y lo primero que hace es recuperar las fortificaciones del lado del puente.

Pronto se reinician crueles enfrentamientos para dominar los pasos del rio, tanto de una parte como de otra. Mientras el de Monfort ha hecho construir una torre de asalto.

Monfort hace avanzar la torre para intentar penetrar en la ciudad. Los tolosanos le lanzan flechas, lanzas y piedras, el de Monfort hace acudir los mejores hombres del ejército a defender la torre. durante todo el día y la noche la torre, aunque despacio, sigue avanzando implacable hacía los reconstruídos muros de la ciudad. Los tolosanos toman una decisión valiente, van a salir al encuentro de la torre. Se establece otra encarnizada batalla alrededor de la misma, los tolosanos destrozan las tropas francesas que acuden en ayuda de la torre.

La noticia llega a la tienda del de Monfort, el cual se enfurece, sale de la tienda y convoca a todo el ejército para iniciar el contrataque. Todo el ejército francés se lanza a la batalla, pero el destino parece que está ya sellado en esta ocasión y durante la batalla una flecha hiere a Guy de Monfort. Al verlo, Simó se baja del caballo para acudir a su lado y socorrele. Mientras esto sucede, cerca de la muralla, unas mujeres tolosanas que desde lo alto de la muralla lanzaban piedras contra los asaltantes tienen la buena fortuna de acertar con una de ellas a Simó en plena cabeza, dándole muerte instantánea. Todo esto sucede el día 25 de junio de 1218.

La muerte de Simó deja en manos de su hijo Amaury la suerte de los franceses.

En los días siguientes se suceden los ataques de los franceses contra la ciudad.

Finalmente, los franceses atajan un convoy de alimentos y ayuda que llegaba a la ciudad y los tolosanos deciden poner fin al cerco. Salen de la ciudad para atacar a los franceses en la explanada que hay enmedio de ésta y del campamento. Se establece una dura y encarnizada batalla donde los tolosanos salen victoriosos. De esta forma, el 25 de julio se decide poner fina al asedio y los franceses se retiran a Carcassona donde celebran los funerales del fallecido Simó de Monfort.

Al deshacerse la “cruzada”, uno de los caballeros franceses Joris, quiere aprovechar la ocasión en que los de Cominges se hallan en Tolosa, para invadir sus dominios. Una vez ha devastado los territorios entra en Saint Gaudens, reclamando para si el dominio, pero pronto recibe noticias de que el Conde de Cominges está de camino al frente de su ejército. El de Joris huye, pero se entretiene continuando con la devastación y pronto los de Cominges le dan alcance, estableciéndose una batalla frente a Meilhan. El ejército de Joris es destrozado y el cuerpo de este caballero hecho trizas.

En otoño de 1218, Amaury de Monfort reinicia las hostilidades poniendo cerco a Marmande, pero como dice el libro, Marmande ha sufrido tantos asedios y batallas y su joven conde está tan ducho en ellas, que pronto se dan cuenta de que ellos solos no podrán tomar la ciudad.

Mientras en otra parte, una parte de los cruzados se dirige hacía Marmande para apoyar a Amaury, pero son interceptados por los de Foix, a los que se les une el joven Conde de Tolosa, futuro Raimon VII.

Informado Amaury de la destroza de sus refuerzos se enoja e inicia un feroz ataque contra la ciudad el cual es repelido, pero ha dejado importantes bajas y destrozas a los defensores.

Así en esta situación de asedio de Marmande, llegamos a junio de 1219, cuando a los ojos de Amaury se le aparece la fortuna y la salvación, un gran ejército comandado por el príncipe Luís de Francia en persona. Se inician conversaciones con el conde de la ciudad, para pactar al rendición. Ante tal despliegue de fuerzas, al joven y valiente conde de Marmande no le queda más remedio que aceptarla. Una vez rendidos, son hechos prisioneros el conde y otros cuatro caballero, pero el resto de la población es pasada por las armas y la ciudad saqueada e incenciada.

Una vez caido la ciudad y el condado de Marmande, el nuevo ejército francés, con el príncipe a la cabeza, pone camino de Tolosa.

Una vez más se hace patente el sentimiento antifrancés del autor:
“Que los pogs e las planhas e’ls camins e’ls sendiers

son complidas e plenas d’omes e de molhers

E perprendon las terras, Francés e Berriviers,

Flamenc e Angevi, Normans e Campaniers,

Bretos e Peitavis, Alaman e Baviers.

Ez tan grans la preicha dels homicidiers

Que dins en l’ost complida n’a tretze cens milhers”

(Las colinas, las planas, los caminos y los senderos

quedan cubiertos y llenos de hombres y mujeres,

e invadieron las tierras, franceses y Berruieres,

Flamencos y Angevinos, Normandos y Campañenses,

Bretones y Poitierinos, Alemanes y Bavaros.

Y es tan grande la turba de los asesinos

que la hueste completa comprende un millón trescientos mil ?)

Como vemos, el autor trata de “asesinos” (homiciders) al ejército cruzado del príncipe.

Nos encontramos ya en junio del año 1219. El consejo de Tolosa se reune para deliberar y toma la decisión de resistir el ataque. De esta forma dictan bandos por toda la ciudad para que la gente haga provisión y acopio de alimentos y pertrechos para resistir lo que suponen será un largo asedio. Se organiza de forma concienzuda la defensa de la ciudad. Caballeros, nobles y “faidits”, con sus tropas, venidas de toda la región se unen al Conde de Tolosa para defender la ciudad frente a los “invasores” y “contra el orgullo de Francia” (Contra l’orgolh de Fransa”. El autor se luce en su rima para definir todos los puntos de la ciudad y los diferentes caballeros que se pertrechan en cada uno de ellos, ocupando varias páginas solamente en describir todos estos preparativos.

Reconstrucción de la ciudad de Tolosa en el S XIII

Reconstrucción de la ciudad de Tolosa en el S XIII

Termina el texto con todos estos preparativos, y están tan detallados explicando todos los puntos y los nombres de cada uno de los caballeros que se preparaba para defeder cada uno, que uno puede suponer que el autor se encontraba dentro de la ciudad y que no pudo terminar su obra por este motivo.

Los últimos versos recitan así:

“Mas la Verges Maria lor en sira guirens

que segon la dreitura repren los falhimens,

per que la sang benigna no’s sia espandens.

Car Sent Cernis los guida, que non sian temens,

que Dieus e dreitz e forsa e’l coms joves e sens

Lor defendra Tolozha. Amen.”

(Mas la Virgen María les será de guía

para retomar el camino en el desfallecimiento,

para que la sangre inocente no sea desparramada.

Porqué Sant Sernín los guia, que no sean cobardes,

que Dios y la justícia y la fuerza del joven conde y los santos

todos ellos defenderán Tolosa. Amén.

Añadir, ya fuera del libro, que el príncipe de Francia, había asistido a la cruzada por cumplir una cuarentena, pero las instrucciones que llevaba de su padre era que, una vez terminada ésta, dejase la cruzada y regresase a París. Y así lo hizo, tras cuarenta días de asedio, sin obtener resultados positivos, el príncipe abandonó la cruzada, y Amauric de Monfort, aunqué tenía un gran ejército a su disposición, no consiguió convencer a los barones que allí se habían quedado de intentar tomar la ciudad. A partir de ese momento una serie de acontecimientos históricos tienen lugar para apaciguar los ánimos y que la paz retorne a todas las tierras tolosanas. Primero fallece el Conde de Tolosa (el viejo) en agosto de 1222, la ciudad llevaba 3 años asediada, pero mientras, los tolosanos habían hecho “excursiones” fuera de la ciudad y entre otras, recuperaron la importante ciudad de Montreal. El ya no tan joven Conde de Tolosa Raimon VII, que entonces cuenta con 26 años de edad, se convierte en el nuevo conde. Poco menos de un año después, el 14 de julio de 1223, fallece el rey de Francia y le sucede su hijo como Luís VIII. El nuevo rey tiene otros asuntos de que ocuparse y deja solo y sin ayuda a Amauric, el cual a principios de enero de 1224, rinde Carcassona sin oponer resistencia a los nuevos señores de la Provence. Finalmente Amauric renuncia en favor de la corona de todos sus derechos sobre las tierras del sur y regresa a sus orígenes ancestrales dentro de “L’ille de France”. Llega un nuevo resplandor para los señores de la provenza y de paso para el “catarismo”.

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