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Los documentos de la iglesia cátara

Cuando nos referimos a documentos de la iglesia cátara, dentro de la historia del catarismo, debemos tener en cuenta que lo que ha llegado hasta nuestros días y que ha visto la luz, es muy poco. Por un lado, debido a la persecución y quema sistemática de documentos por parte de la Iglesia Católica. En segundo lugar, si alguien tenía algún documento procuraba esconderlo y, quizás, en algún futuro aparezca alguno más, pero de momento es muy poco, por no decir casi nada, lo que nos queda. Por otro lado existen documentos de la inquisición que, aunque deformada, nos permiten tener una pequeña visión de las creencias de los cátaros.

Sin embargo existen cuatro documentos que han llegado hasta nuestros días que, aunque no exhaustivo, nos permiten hacernos una ligera idea de sus creencias y pensamiento.

El primero de ellos y, quizás, el más importante, es el llamado “El Libro de los Dos Principios”. Se tratra de un documento escrito en latín, probablemente en torno al año 1240 en Lombardía, en las proximidades del lago de Garda, que se conseva en un códice perteneciente al fondo de los Conventos Secularizados de la Biblioteca Nacional de Florencia, con la signatura I.II.44. Allí fue descubierto en el año 1939 por el padre Antoine Dondaine, el cual nos ofreció la primera edición de los dos textos cátaros que contenía dicho códice: El libro de los dos principios y el Ritual Latino.

El contenido del Libro de los Dos Principios es un compendio, anónimo, de siete breves tratados:

  1. El libre albedrío
  2. La creación
  3. Los signos universales
  4. Compendio para la instrucción de los principiantes
  5. Contra los Garatistas
  6. El libre albedrío
  7. Las persecuciones

En cuanto al contenido del Ritual, mutilado al comienzo, está inserto, de forma incongruente, en medio del último tratado, “Las persecuciones”.

Vista de Carcassonne, tomada en 2007 durante las fiestas del 14 de julio

Vista de Carcassonne, tomada en 2007 durante las fiestas del 14 de julio

Por otro lado ha llegado hasta nosotros el “Liber contra maníqueos”, compuesto, probablemente entre 1222 y 1223, por Durán de Huesca, que fue presentado por éste a la Curia Romana en 1224 y que recoge parte de un “Tratado cátaro” cuyas doctrinas se había propuesto refutar. De este ejemplar, el manuscrito más completo que nos ha llegado es el que se conserva en la Biblioteca Capitular de la Catedral de Praga.

El “Ritual del Consolhament”. Sobre este ritual que nos ha llegado mucha información a través de los textos inquisitoriales, nos ofrecen una descripción minuciosa y precisa dos documentos que han llegado hasta nuestros días:

  1. El ritual occitano, llamado así por los historiadores y documentalistas por estar redactado en el apéndice de un Nuevo Testamento en lengua occitana, cuyo códice se halla en la Biblioteca Municipal de Lyon.
  2. El ritual latino, también mutilado, fue descubierto por Antoine Dondaine en 1939, en el mismo códice en el que aparece el Libro de los Dos Principios.

Por último, el filólogo belga Théo Venckeleer, en los años 1960 y 1961, publicó la traducción de dos escritos que figuran en el último tomo de los 12 volúmenes que conforman la llamada “Colección Valdense” conservada en la Biblioteca del Trinity College de Dublín (códice A.6.10, hoy con la signatura “ms.269″) y que resultaron ser de origen cátaro y no valdense. Se trata de un tratado apologético sobre la Iglesia de Dios (Gleisa de Dio) y de un “Comentario al Padre Nuestro”, redactados en occitano.

En próximos escritos, entraremos más a fondo sobre el contenido de cada uno de estos textos.

Para hallar una información más exahustiva sobre ellos se puede consultar el libro: El Legado Secreto de los Cátaros de Franceso Zambron, traducido por César Palma, y publicado por Editorial Siruela (Madrid/1997) (edición agotada) o la nueva edición, que aún no he tenido ocasión de leer, de la misma editorial, que podéis encontrar en La Casa del Libro

El legado secreto de los cátaros. Ediciones Siruela (Madrid/1997)

El legado secreto de los cátaros. Ediciones Siruela (Madrid/1997)

Bibliografía sobre catarismo y su historia (I)

Estos son algunos de los primeros libros y textos que cayeron en mis manos relacionados con el tema del “catarismo” y su historia:

Jordi Ventura i Subirats:

  • Pere el Catòlic i Simó de Monfort (Aedos/1960)
  • Els heretges catalans (Biblioteca Selecta/1963)
  • El catarismo en Catalunya (Boletín de la Real Academia de Buenas letras/1960)

R. Dalmau i Ferreres

  • L’heretgia albigesa i la batalla de Muret (Rafael Dalmau Editor/1960)

Paul Labal (traducción de Octavi Pellissa)

  • Los Cátaros, herejía y crisis social (Editorial Crítica/1984)

René Nelli (traducción de Carmen Alcalde)

  • La vida cotidiana entre los cátaros (Argos-Vergara/1984)

René Nelli (traducción de F. Garacía Prieto)

  • Los cátaros, ¿herejía o democracia? (Ediciones Martínez-Roca/1989)

Malcom Lambert (traducción de Demetrio Castro Alfín)

  • La Hererjía Medieval (Taurus/1986)

Otto Rahn (traducción de Fernando Acha)

  • Cruzada contra el Santo Grial (Ediciones Hiperion/1986)

Jean Duvernoy (traducción de Mario Muchnik)

  • La captura del cátaro Belibaste (Muchnik Editores/1987)

Documentos anónimos originales traducidos por Miguel Ángel Muñoz Moya

  • Documentos cátaros (Muñoz Moya y Montra-veta Editores/1989)

Todos los aquí referenciados han sido editados en fecha anterior a 1990. Evidentemente, no son todos los libros ni documentos sobre el tema, pero son los que han pasado por mis manos o tengo en propiedad. En próximas entradas se referenciarán libros editados con posterioridad.

Luis VII, el Joven

Si analizamos bien los acontecimientos que rodearon su azarosa vida, y su largo reinado, cuya historia podemos encontrar en el sitio de Catarismo, en el apartado de Salones Reales, bajo el título de Luis VII (1137/1180), nos damos cuenta que para él, el catarismo, seguramente no exisitió. Sus problemas se concentraron en las diferencias con los ingleses y las posesiones que perdió al separarse de Leonor de Aquitania.

Sin embargo fue bajo su reinado cuando el Catarismo creció y progresó hasta niveles que ya después nunca más volvería a recuperar.

Con la dinastía de los Carolingios, que tras los primeros años de imperio y esplendor, empezaron a dividir los territorios entre los hijos, Francia se había fragmentado en multitud de condados y pequeños reinos prácticamente independientes. Al acceder los primeros Capetos, su área de influencia era el área de París, de donde eran Duques. Pero ya desde el primero de ellos, Hugo Capeto, su idea principal se concretaba en recuperar el dominio sobre los territorios que habían imperado sus predecesores. Por ese motivo, el padre de Luis VII, con las miras puestas en este objetivo, había comprometido la boda de su hijo con la heredera de las posesiones más importantes, tanto por tamaño, como por situación estratégica frente a Inglaterra, que había en el antiguo imperio, las tierras de Aquitania. Pero Luis no supo mantener consolidado su matrimonio, a pesar de la insitencia del Papa y de su principal asesor, Suger, Abad de Saint-Denis, y fue, precisamente, tras la muerte de este último que el monarca aprovechó para separarse de Leonor. Ésta dejó claro que tenía unos objetivos y le faltó tiempo para desposarse con una joven promesa, el futuro aspirante a la corona de Inglaterra, el Conde de Anjou, Enrique II Plantagenet, 11 años más joven que ella, aportando, de esta forma, sus territorios a la corona de Inglaterra. A partir de ese momento las guerras entre Luis VII y Enrique II serán constantes, motivadas, principalmente, por el control territorial.

Luis VII, el Joven. Bibliothèque Nationale de France del Recueil des rois de France. (FR 2848, f 150)., por Jean Du Tillet (s. XVI). Imágen de dominio público.

Luis VII, el Joven. Bibliothèque Nationale de France del Recueil des rois de France. (FR 2848, f 150)., por Jean Du Tillet (s. XVI). Imágen de dominio público.

Debido a esto, Tolosa aún quedaba lejos, pues estaba más al sur y al este de Aquitania y era un territorio menor, aunque por vasallajes, el de Tolosa llegaba hasta el Mediterraneo y el Pirineo, con los vizcondados de Carcasssona, Foix y Narbona.

Así que no le preocupaba mucho lo que sucedía tan al sur, sus objetivos inmediatos estaban situados más al norte. De aquí que todo el problema de la herejía recayó solamente en la Iglesia, que en ese momento solamente tenía el recurso de la dialéctica para intentar frenar el avance de la “herejía”.

Debido a esta “pobreza” de recursos que tenía la Inglesia Católica Romana y, mucho más importante, debido a la actitud materialista y prepotente de los distintos estamentos clericales, las herejías, en ese siglo, proliferaron por doquier, no solo el catarismo, también hubo otras importantes, como los valdenses, que serían barridos, en el siglo siguiente, junto con los cátaros.

Así que hay que constatar que aunque Luis VII vivió y reinó en la época de los cátaros, su aportación a la historia del catarismo fue más positiva que negativa, aunque fuese por ignorancia o inacción.

La Cançó de la Croada Albigesa (y V)

Para finalizar esta serie de entradas concernientes a la historia del catarismo, según “La Canción de la Cruzada Albigense”, vamos a resumir aquí el contenido de la última parte del libro que, como ya dijimos anteriormente, se desconoce al autor de la misma.

Al conocer la noticia de la caida de Tolosa en manos del anterior conde, Guy de Monfort, lleva su ejército para retomar la ciudad, pero los tolosanos, defendiéndose como pueden, con la ayuda de los caballeros que allí se encontraban, entre ellos los condes de Foix y de Cominges, logran derrotar y hacer retirar el ejército del hermano de Simó. Éste se siente humillado y reprende a sus hombres por dejarse vencer por un puñado de villanos y gente sin tierra.

A continuación envía un mensajero a Simó que se encontraba gozando de su privilegio de Duque en Narbonne. Cuando Simó recibe la noticia, parte sin dilación a recoger un nuevo ejército para dirigirse a Tolosa. No sin antes hacer jurar fidelidad a los nobles de Narbonne, cosa que éstos, desconociendo aun la caida de Tolosa, realizan, no sin cierta reticencia. Pero nada más partir el de Monfort, llega a Narbonne la noticia de la triunfal entrada de Raimon en Tolosa y los ciudadanos salen a la calle para celebrarlo.

Nada más llegar a las inmediaciones de Tolosa, se encuentran los dos hermanos para que Guy informe de los hechos y de la situación a Simó. Mientras los dos ejércitos se despliegan alrededor de la ciudad, desde la cual, con estremecimiento observan las maniobras de los franceses. De esta forma, en octubre de 1217 se inicia de nuevo el asedio de Tolosa por parte de los franceses, mientras los provenzales se preparan para la defensa. A la ayuda de la ciudad han acudido caballeros “faidits” de todos los alrededores.

Los franceses se lanzan al ataque, pero la bravura de los defensores consigue, no solo detenerlos, sinó incluso derrotarles estrepitosamente.

Simó de Monfort, con su hermano, vencidos, regresan a Narbona. Allí convocan a los nobles que están de su parte para reorganizarse. Entre las propuestas debatidas, se habla de levantar una nueva ciudad llamada Tolosa la nueva, cerca de la otra, para, desde allí, sitiarla y atacarla.

Finalmente el rearmado ejército de Monfort, parte y pone cerco a Saint Cyprien, pero éste dura poco, ya que los tolosanos, salen en su ayuda, obligando a los franceses a levantar el asedio y salir corriendo.

Viendo venir que el de Monfort no se rendirá, el Conde Raimon convoca concilio en la Iglesia de Saint Sernin, con el objetivo de preparar la defensa de la ciudad.

Tolosa se prepara para un nuevo ataque, mientras el conde parte hacía Foix para recibir allí el reconocimiento y su vasallaje ofrecido por ellos.

Por otro lado, el de Monfort, reorganiza por “enésima” vez su ejército y en consejo deciden atacar al amanecer para pillar desprevenidos a los de la ciudad.

Pero con lo que no contaban los franceses era que los tolosanos no estaban del todo dormidos y con Bernard de Cominges al frente, deshacen una vez más el ataque y los obligan de nuevo a retirarse.

El de Monfort envía al rey de Francia un mensaje solicitando refuerzos. A la vez que llegan más refuerzos para ayudar a los de Tolosa.

De esta forma se llega a la primavera de 1218. Los franceses tienen su campamento situado entre Tolosa y Narbona. Tolosa arma un ejército y sale de la ciudad para atacar el campamento francés. La batalla es dura, pues durante la misma coincide con la llegada de algunos refuerzos de parte de los franceses y algunos nobles caballeros provenzales caen durante la batalla, pero al final los de Monfort son vencidos otra vez.

Finalmente llega el grueso de los refuerzos solicitados por el de Monfort y se disponen a poner cerco de nuevo a Tolosa.

Tolosa es asediada por los dos lados del rio. Pronto se inicia la batalla, empezando por el lado de Saint Cyprien, que los franceses quieren tomar para controlar los puentes.

En esta ocasión los elementos ayudan a los franceses, pues empieza una fuerte lluvia que pronto desborda el rio y destruye la defensa de Saint Cyprien, lo cual aprovecha el de Monfort para ocupar aquella parte en cuanto bajan las aguas y fortificar el Hospital. Este contratiempo para los tolosanos da alas a los franceses que enseguida, a través de los puentes atacan y toman las fortificaciones del otro lado del puente que defienden la entrada a la ciudad.

Cuando peor se estaban poniendo las cosas para los Tolosanos, sucede un hecho inesperado, la llegada del noble provenzal Bernard de Cazenac, al frente de un magnífico ejército que entra en la ciudad por la parte opuesta a donde se habían instalado los franceses, sin embargo el júbilo y el ruido de los tolosanos fue tan grande que el de Monfort enseguida adivinó lo que pasaba. De esta forma sale del hospital para cruzar el rio y convocar en el puesto de mando del asedio un consejo.

Al día siguiente, el 2 de junio de 1218, los franceses, con el de Monfort al frente se dirigen hacía los campos alrededor de la ciudad para arrasarlos y terminar así con las ayudas que recibía la ciudad de los habitantes y agricultores de esta zona. Al apercibirse de ese movimiento, los tolosanos salen al encuentro de los franceses, encontrándose ambos ejércitos en la esplanada de Saint Sauveur, donde se inicia una encarnizada batalla, que termina poniendo en fuga de nuevo a los franceses.

Al día siguiente es el día de Pascua de Pentecostés, el 3 de junio de 1218. Simó de Monfort con sus caballeros, obispos y demás acuden a celebrar la misa de pascua y a continuación se reúnen de nuevo en consejo. Durante el consejo les avisan de la llegada de refuerzos franceses, el Conde de Soissons, al frente de un ejército.

Pero los tolosanos reciben también, por su parte, una gran alegría, el joven hijo del Conde, llega también en estos momentos, blandiendo el estandarte de la casa de Tolosa (la cruz que algunos, de forma malentendida, llaman cátara), llega al frente de otro ejército y lo primero que hace es recuperar las fortificaciones del lado del puente.

Pronto se reinician crueles enfrentamientos para dominar los pasos del rio, tanto de una parte como de otra. Mientras el de Monfort ha hecho construir una torre de asalto.

Monfort hace avanzar la torre para intentar penetrar en la ciudad. Los tolosanos le lanzan flechas, lanzas y piedras, el de Monfort hace acudir los mejores hombres del ejército a defender la torre. durante todo el día y la noche la torre, aunque despacio, sigue avanzando implacable hacía los reconstruídos muros de la ciudad. Los tolosanos toman una decisión valiente, van a salir al encuentro de la torre. Se establece otra encarnizada batalla alrededor de la misma, los tolosanos destrozan las tropas francesas que acuden en ayuda de la torre.

La noticia llega a la tienda del de Monfort, el cual se enfurece, sale de la tienda y convoca a todo el ejército para iniciar el contrataque. Todo el ejército francés se lanza a la batalla, pero el destino parece que está ya sellado en esta ocasión y durante la batalla una flecha hiere a Guy de Monfort. Al verlo, Simó se baja del caballo para acudir a su lado y socorrele. Mientras esto sucede, cerca de la muralla, unas mujeres tolosanas que desde lo alto de la muralla lanzaban piedras contra los asaltantes tienen la buena fortuna de acertar con una de ellas a Simó en plena cabeza, dándole muerte instantánea. Todo esto sucede el día 25 de junio de 1218.

La muerte de Simó deja en manos de su hijo Amaury la suerte de los franceses.

En los días siguientes se suceden los ataques de los franceses contra la ciudad.

Finalmente, los franceses atajan un convoy de alimentos y ayuda que llegaba a la ciudad y los tolosanos deciden poner fin al cerco. Salen de la ciudad para atacar a los franceses en la explanada que hay enmedio de ésta y del campamento. Se establece una dura y encarnizada batalla donde los tolosanos salen victoriosos. De esta forma, el 25 de julio se decide poner fina al asedio y los franceses se retiran a Carcassona donde celebran los funerales del fallecido Simó de Monfort.

Al deshacerse la “cruzada”, uno de los caballeros franceses Joris, quiere aprovechar la ocasión en que los de Cominges se hallan en Tolosa, para invadir sus dominios. Una vez ha devastado los territorios entra en Saint Gaudens, reclamando para si el dominio, pero pronto recibe noticias de que el Conde de Cominges está de camino al frente de su ejército. El de Joris huye, pero se entretiene continuando con la devastación y pronto los de Cominges le dan alcance, estableciéndose una batalla frente a Meilhan. El ejército de Joris es destrozado y el cuerpo de este caballero hecho trizas.

En otoño de 1218, Amaury de Monfort reinicia las hostilidades poniendo cerco a Marmande, pero como dice el libro, Marmande ha sufrido tantos asedios y batallas y su joven conde está tan ducho en ellas, que pronto se dan cuenta de que ellos solos no podrán tomar la ciudad.

Mientras en otra parte, una parte de los cruzados se dirige hacía Marmande para apoyar a Amaury, pero son interceptados por los de Foix, a los que se les une el joven Conde de Tolosa, futuro Raimon VII.

Informado Amaury de la destroza de sus refuerzos se enoja e inicia un feroz ataque contra la ciudad el cual es repelido, pero ha dejado importantes bajas y destrozas a los defensores.

Así en esta situación de asedio de Marmande, llegamos a junio de 1219, cuando a los ojos de Amaury se le aparece la fortuna y la salvación, un gran ejército comandado por el príncipe Luís de Francia en persona. Se inician conversaciones con el conde de la ciudad, para pactar al rendición. Ante tal despliegue de fuerzas, al joven y valiente conde de Marmande no le queda más remedio que aceptarla. Una vez rendidos, son hechos prisioneros el conde y otros cuatro caballero, pero el resto de la población es pasada por las armas y la ciudad saqueada e incenciada.

Una vez caido la ciudad y el condado de Marmande, el nuevo ejército francés, con el príncipe a la cabeza, pone camino de Tolosa.

Una vez más se hace patente el sentimiento antifrancés del autor:
“Que los pogs e las planhas e’ls camins e’ls sendiers

son complidas e plenas d’omes e de molhers

E perprendon las terras, Francés e Berriviers,

Flamenc e Angevi, Normans e Campaniers,

Bretos e Peitavis, Alaman e Baviers.

Ez tan grans la preicha dels homicidiers

Que dins en l’ost complida n’a tretze cens milhers”

(Las colinas, las planas, los caminos y los senderos

quedan cubiertos y llenos de hombres y mujeres,

e invadieron las tierras, franceses y Berruieres,

Flamencos y Angevinos, Normandos y Campañenses,

Bretones y Poitierinos, Alemanes y Bavaros.

Y es tan grande la turba de los asesinos

que la hueste completa comprende un millón trescientos mil ?)

Como vemos, el autor trata de “asesinos” (homiciders) al ejército cruzado del príncipe.

Nos encontramos ya en junio del año 1219. El consejo de Tolosa se reune para deliberar y toma la decisión de resistir el ataque. De esta forma dictan bandos por toda la ciudad para que la gente haga provisión y acopio de alimentos y pertrechos para resistir lo que suponen será un largo asedio. Se organiza de forma concienzuda la defensa de la ciudad. Caballeros, nobles y “faidits”, con sus tropas, venidas de toda la región se unen al Conde de Tolosa para defender la ciudad frente a los “invasores” y “contra el orgullo de Francia” (Contra l’orgolh de Fransa”. El autor se luce en su rima para definir todos los puntos de la ciudad y los diferentes caballeros que se pertrechan en cada uno de ellos, ocupando varias páginas solamente en describir todos estos preparativos.

Reconstrucción de la ciudad de Tolosa en el S XIII

Reconstrucción de la ciudad de Tolosa en el S XIII

Termina el texto con todos estos preparativos, y están tan detallados explicando todos los puntos y los nombres de cada uno de los caballeros que se preparaba para defeder cada uno, que uno puede suponer que el autor se encontraba dentro de la ciudad y que no pudo terminar su obra por este motivo.

Los últimos versos recitan así:

“Mas la Verges Maria lor en sira guirens

que segon la dreitura repren los falhimens,

per que la sang benigna no’s sia espandens.

Car Sent Cernis los guida, que non sian temens,

que Dieus e dreitz e forsa e’l coms joves e sens

Lor defendra Tolozha. Amen.”

(Mas la Virgen María les será de guía

para retomar el camino en el desfallecimiento,

para que la sangre inocente no sea desparramada.

Porqué Sant Sernín los guia, que no sean cobardes,

que Dios y la justícia y la fuerza del joven conde y los santos

todos ellos defenderán Tolosa. Amén.

Añadir, ya fuera del libro, que el príncipe de Francia, había asistido a la cruzada por cumplir una cuarentena, pero las instrucciones que llevaba de su padre era que, una vez terminada ésta, dejase la cruzada y regresase a París. Y así lo hizo, tras cuarenta días de asedio, sin obtener resultados positivos, el príncipe abandonó la cruzada, y Amauric de Monfort, aunqué tenía un gran ejército a su disposición, no consiguió convencer a los barones que allí se habían quedado de intentar tomar la ciudad. A partir de ese momento una serie de acontecimientos históricos tienen lugar para apaciguar los ánimos y que la paz retorne a todas las tierras tolosanas. Primero fallece el Conde de Tolosa (el viejo) en agosto de 1222, la ciudad llevaba 3 años asediada, pero mientras, los tolosanos habían hecho “excursiones” fuera de la ciudad y entre otras, recuperaron la importante ciudad de Montreal. El ya no tan joven Conde de Tolosa Raimon VII, que entonces cuenta con 26 años de edad, se convierte en el nuevo conde. Poco menos de un año después, el 14 de julio de 1223, fallece el rey de Francia y le sucede su hijo como Luís VIII. El nuevo rey tiene otros asuntos de que ocuparse y deja solo y sin ayuda a Amauric, el cual a principios de enero de 1224, rinde Carcassona sin oponer resistencia a los nuevos señores de la Provence. Finalmente Amauric renuncia en favor de la corona de todos sus derechos sobre las tierras del sur y regresa a sus orígenes ancestrales dentro de “L’ille de France”. Llega un nuevo resplandor para los señores de la provenza y de paso para el “catarismo”.

La Cançó de la Croada Albigesa (IV)

Continuando con la historia del catarismo que nos cuenta “La Canción de la Cruzada Albigense!, entramos ya en la segunda parte del libro, la más larga, y que se supone escrita por un autor anónimo.

Esta segunda parte inicia relatando los sucesos de la batalla de Muret, donde perdió la vida el Rey Pedro de Aragón, y es cuando el relato pierde su objetividad y se muestra acérrimo enemigo de Simó de Monfort y del hijo del rey de Francia. Su lenguaje se vuelve totalmente anti-cruzada, nombrando a la misma como “los franceses”, demostrando su afinidad con un movimiento anti-francés y un claro sentimiento de sentirse “invadidos”.

Habla de Monfort y del hijo del rey de Francia con adjetivos despectivos y peyorativos, y cuando habla del rey de Aragón lo califica como “lo bon rei”.

Los versos cuentan la batalla de Muret, la derrota de los locales, la victoria de los “franceses”, la desposesión de las posesiones condales de Tolosa de manos de Raimon por parte de Monfort y del hijo del rey de Francia y como el Conde de Tolosa, su hijo, el Conde de Foix y otros nobles de las tierras de Tolosa se presentan ante el Papa para pedir la restitución de sus tierras, títulos y posesiones.

Se recrea en una larga exposición de los parlamentos de los asistentes a la reunión, entre los que está el Obispo católico de Tolosa, Foulque, como acusador de los Tolosanos.

Los siguientes versos tratan de la deliberación de los prelados con el pontífice, donde el obispo de Tolosa intenta decantar la deliberación en favor de mantener la desposesión y que las tierras sean gobernadas por el de Monfort, mientras que el obispo de Narbona, Arnaud Amaury, defiende al Conde Raimon, definiéndole como buen cristiano.

Concilio de Latran (noviembre de 1215)

Concilio de Latran (noviembre de 1215)

Finalmente, los prelados que apoyan al de Monfort son más numerosos y fuerzan al pontífice a aceptar la desposesión del condado en favor del nuevo “usurpador”. ( en abril de 1216 el rey de Francia confirma a Simó de Monfort con los títulos de Duqe de Narbona y Conde de Tolosa.)

El Conde Raimon abandona, desolado, Roma, pero su hijo permanece allí por algún tiempo. Finalmente el Papa le recibe en audiencia y para compensarle le promete una pequeña heredad en las nuevas tierras del de Monfort, pero Raimon hijo responde que antes de ser siervo de aquel que les ha despojado de sus tierras, prefiere la muerte y pide la bendición papal para emprender la recuperación de sus tierras. El Papa se limita a decirle “que Dios te guarde”.

Raimon hijo se reune con su padre y regresan a Marsella, donde se alojan durante unos días, hasta que les llegan noticias que un grupo de nobles les esperan en Avignon para rendirles homenaje. Padre e hijo parten hacía Avignon, donde se reunen con los nobles que allí les aguardan. Según nos cuenta el libro, unos 300 hombres les esperan en la ribera del rio, enfrente de los cuales se encuentra “Mestre  Aranaud Audegier”, quien pone la ciudad de Avignon, sus fuerzas y sus habitantes a su servicio, que según le libro son “mil cavaers valents, complitz de vasalatge e cen mil omes armats, valents de bon coratge”, o sea 1000 caballeros valientes, vasallos y cien mil hombres armados, valientes y llenos de coraje. Al día siguiente, el Conde y su nuevo ejército parten de Avignon y llegan a “Selho” (actual Salon-de-Provence).

Los días siguientes son días de alianzas y juramentos por parte de distintos señores de toda la Occitània, con los Condes y nobles ”faidits” (desposeídos de sus tierras, títulos y posesiones). Simó de Monfort se queda prácticamente solo con su hermano, Guy de Monfort, y su hijo Amaury.

Mientras el Conde Raimón padres parte para el otro lado de los Pirineos a buscar alianzas, deja al frente del nuevo ejército a su joven hijo (en esos momentos tiene 19 años), encargándoles a sus principales lugartenientes que le cuiden y le obedezcan. Con la alianza de Avignon con los señores de Marsella y Tarascón, el primer objetivo del nuevo ejército es la toma de Bellcaire. Durante la descripción de la toma de Bellcaire, una vez más, hace distinción entre franceses y provenzales, dando muestras de un claro concepto nacionalista “e il proensals cobatre e os frances defendze” (y los provenzales combaten mientras los franceses defienden).

Por fin cae Bellcaire y Monfort, se apresta a reclutar fuerzas para recuperarla. Monfort, con su ejército pone cerco a la ciudad y la situación se invierte de nuevo. El libro narra a continuación con una gran profusión de detalles y conversaciones distintos pasajes, desde la gran batalla de Bellcaire, entre Monfort y el joven Raimon, de la cual éste sale vencedor. El asedio se prolonga, pero tienen más problemas de abastecimiento los asediantes que los asediados. Finalmente describe como los de Monfort lanzan un último y desesperado intento de recuperar Bellcaire, pero fracasan en su intento y, vencido, Simó de Monfort, regresa a Tolosa.

Una vez allí, necesita recaudar impuestos urgentemente para rehacere su ejército y ello provoca una revuelta de los tolosanos, que es duramente castigada por el nuevo señor de la ciudad. Entre las medidas que toma, hace destruir todos los muros y las fortificaciones de la ciudad, que habían utilizado los tolosanos en su revuelta.

A continuación describe como Simó de Monfort casa a su hijo (en noviembre de 1216) con la hija de Gaston de Bearn, Condesa de Bigorra, y como por medio de esta maniobra, su hijo se convierte en Conde de Bigorra. De esta forma, Simó se refugia en la Gascunya, aunque vuelve poco después a Tolosa con el objetivo de recaudar nuevos impuestos.

Simó de Monfort, con su ejército ya rehecho se enfrenta de nuevo a Roger-Bernard de Foix, asediándole en su castillo de Montgrenier en febrero de 1217. El de Foix resiste hasta que se quedan sin agua, debiendo finalmente abandonar la fortaleza (25 de marzo de 1217) y de esta forma, el de Monfort conquista el Ariège,  y a continuación el Termenés, originando una gran matanza de gente inocente.

Mientras el Conde Raimón padre ha conseguido la alianza del Conde Roger de Cominges. Mientras se encuentra en los dominios de éste, se reúne con él Roger-Bernard de Foix, quien le anuncia que la ciudad de Tolosa espera impaciente su regreso.

De esta forma Raimon VI regresa a su ciudad el día 13 de setiembre de 1217 y todos los tolosanos lo reciben con gran alegría y, según describe el libro los “franceses” que quedaban en la ciudad fueron masacrados. Pero el Conde se encuentra con una ciudad indefensa, sin murallas ni fortificaciones, y totalmente empobrecida por los abusos del de Monfort. Pero los Tolosanos están exhultantes de júbilo, su señor auténtico ha regresado.

Y llegado, casi a la mitad de la segunda parte del libro. Dejaremos para el próximo artículo la continuación de este impresionante relato de primera mano, sobre los sucesos de la historia del catarismo.

La Cançó de la Croada Albigesa (III)

página interior del libro

página interior del libro

Continuando con la historia del catarismo, y como continuación a la exposición hecha en los anteriores escritos, sobre el libro “La Canción de la Cruzada Albigense”, seguimos observando los hechos que nos cuenta dicho libro, desde donde lo habíamos dejado. Nos encontramos ya bien avanzada la primera parte del mismo, la parte que se atribuye a Guillermo de Tudela:

En los capítulos siguientes nos cuenta como el Conde Baudouin, que nos dice era hermano del Conde Raimon de Tolosa, se encontraba entonces en Montferrand, aun de parte de los provençales contra la cruzada, pero ante el asedio de ésta, optó por entregar la ciudad y la fortaleza a cambio de unirse a su causa y que sus hombres quedasen libres, no así los cátaros que fueron entregados a la cruzada.

Posteriormente el Conde Baudouin se entrevista con su hermano, el Conde de Tolosa, para que se una a la cruzada contra la herejía, pero Raimon rechaza la oferta, además de mostrar su enojo con él (todos estos hechos acontecen durante mayo y junio de 1211, mientras que el Conde Baudouin, se sabe que fue brutalmente asesinado, se cree que por su propio hermano, por la traición, en febrero de 1214.)

Nos encontramos ahora en la mañana del 16 de junio de 1211, el Conde de Bars se une a Simó de Montfort y a sus cruzados y deciden emprender la marcha sobre Tolosa, la sede del Conde Raimon y capital de las tierras que hasta este momento habían ido cayendo en manos cruzadas.

Sin embargo se encontraron con una ciudad fuertemente defendida, de la cual salieron, durante el asedio, un ejército que tomó por sorpresa a los asediantes inflingiéndoles un duro golpe. De esta forma, el 29 de junio, tras solo 10 días de asedio, decidieron levantar éste y continuar por otras zonas, hasta que Tolosa estuviese más débil y así tomaron la decisión de marchar sobre Foix, cuyos vizcondes eran, a su vez, aliados naturales del Conde de Tolosa.

Durante el mes de julio, los cruzados permanecieron en las tierras de Foix, aunque sin intentar asaltar el castillo, simplemente devastando todo lo que encontraron a su paso. Finalmente la cruzada se disuelve, como cada año, al acercarse el otoño.

Esta vez, el Conde de Tolosa convoca a todos sus aliados, El Conde de Cominges, los de Foix, el senescal de Agen, nobles y barones de Montalban, Castellsarrasin, incluso un contingente enviado por la corte de Inglaterra, aliados naturales del Reino de Aragón y del Conde de Tolosa, contra los franceses.

Se forma un gran ejército dirigido por el Conde de Tolosa y secundado por los Condes de Cominges, de Foix, los señores de Moissac, de Montalban, de Castellsarrasin, de la Cerdanya (Gaston de Bearn era feudatario a la vez del Rey de Aragón y del Conde de Foix), de la Gascunya, así como el contingente enviado por el rey de Inglaterra. Nos cuenta la canción que se reunieron más de doscientos mil hombres, más máquinas de guerra (parecidas a las catapultas).

Simó de Monfort, que se había retirado a Carcassonne, pues tras la caida de ésta había sido nombrado Conde de Carcassonne por el Rey de Francia, recibe la noticia y manda avisar a todos los aliados que puede encontrar y se concentra en Castelnaudary, plaza fuerte cerca de Carcassone, para esperar allí al ejército del de Tolosa.

Pronto llegan a Castellnaudary los Tolosanos e inician el asedio. Durante esta preparación, el Conde de Foix sale al encuentro de uno de los caballeros comandados por Bouchard que se acerca a Castellnaudary para ayudar al de Monfort, con un convoy de alimentos y otras provisiones que llegaba desde Lavaur, tierra de Bouchard, sin embargo, Monfort se entera de la noticia y, antes de que el de Foix pueda retirarse, sale de Castellnaudary para ayudar al de Bouchard, consciente de la importancia de la llegada de esta ayuda. A pesar de la valentía demostrada por los caballeros de Foix, tanto del propio Conde como de sus acompañantes, la superioridad de los contrincantes es tal que terminan por ganar los cruzados la batalla.

Ante la noticia de la derrota de los de Foix, los de Tolosa optan por levantar el cerco y retirarse, disolviendo el ejército, pero mientras, en Gaillac y Lagrave, tierras tomadas anteriormente por Monfort, que habían recibido la noticia de la marcha de Tolosa sobre Monfort, convencidos de la victoria del primero, se levantaron en armas contra los cruzados y los vencieron.

Pronto los cruzados, con Monfort al frente, retoman Gaillac y Lagrave, pero mientras, el Conde de Tolosa, ha recuperado todo su condado, desde La Garde, Puycelci, Saint Marcel y Laguépie. Finalmente recupera Sant Antonin.

A principios de 1212 Simó de Monfort inicia los preparativos para rearmar la cruzada. El primer lugar al que se dirige es a Sant Antonin que es tomada entre el 20 y el 21 de mayo de ese año. Prosiguen con la toma de Montcuq y se inicia la campaña para tomar el Agenais. Fue una campaña dura, pues el asedio de su principal plaza fuerte, Penne-d’Agenais, se resistió bravamente, desde el 3 de junio que se inició el asedio hasta el 25 de julio, en que el calor y la falta de agua y alimentos terminaron por hacer sucumbir la plaza.

Una vez conquistada Penne, se dirigen a Biron y Catus que pronto cayeron en sus manos. De esta forma, el 14 de agosto inician el asedio de Moissac, que fue otro asedio duro que se prolongó hasta el 8 de setiembre.

Después de la caida de Moissac, toda la Gascunya cayó en pocos días y se acercaban de nuevo a Tolosa, el último reducto, no sin antes conquistar Saint Gaudens y Muret. Después llegó el otoño y, como cada año, la disolución de la cruzada. Monfort había conseguido su objetivo de aislar al de Tolosa.

En 1º de diciembre de 1212 el de Monfort convoca el “parlament de Pamiers” para sentar las bases y las leyes a los conquistados.

Termina esta primera parte que, repito, es la parte que se le atribuye a Guillermo de Tudela, con la exposición de la ayuda que el Rey Pedro de Aragón ha prometido al Conde de Tolosa. Relata como el Rey convoca a sus huestes y caballeros para acudir en ayuda del Conde, pues éste es su cuñado, por estar casado con una hermana del rey y además, el hijo del conde también tiene esta condición familiar pues desposó con otra hermana del rey y no puede consentir que su cuñado sufra la devastación de sus tierras en manos de los cruzados que lo que quieren es terminar desposeyéndolo de su condición y propiedad.

En próximos escritos entraré a explicar la segunda parte del libro, la más larga y que se atribuye a un autor anónimo.

La Cançó de la Croada albigesa (II)

Continuando con la historia de “La canción de la cruzada albigense”, que nos habla de primera mano sobre los hechos acaecidos durante la cruzada contra el “catarismo”, hoy hablaremos del contenido de este libro.

Primera página del documento 25425 del original en la BN de París

Primera página del documento 25425 del original en la BN de París

“El nom del payre e del filh e del sant esperit

comensa la cansos que maestre Guilhelms fit,

us clercs qui fo en navarra, a tudela noirit;

Pois vint a montalva, si cum l’estoria dit.”

“En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, empieza la canción hecha por maestre Guillermo, un clérigo de navarra, que en tudela ascendió; Después vino a Montalbán, como esta historia dice.”

Esta es la primera estrofa por la que empieza el libro. Como se puede observar, el autor empieza por dejar claro quién escribe la canción.

Sigue contándonos que su estancia en Montalbán duró 11 años y que durante el 12º abandonó la ciudad debido a que sus estudios de geomancia le permitieron preveer la gran catástrofe que se avecinaba sobre la ciudad. En realidad se tenían noticias de que la cruzada se proponía dirigirse hacia ella. Y continúa la explicación sobre su acogida por el Conde Baudoin en Bruniquel.

El Conde se convierte en su protector y, concretamente, este dato es otro de los argumentos esgrimidos por los que aseguran que la segunda parte fue escrita por otro autor, pues el conde falleció en febrero de 1214, de forma trágica, y lo más lógico sería que Guillermo lo hubiese mencionado en su continuación que es posterior a esa fecha, pero sin embargo no aparece ninguna mención al trágico suceso en toda la segunda parte del libro.

Finalmente este primer “capítulo” explica como recibió el canonicato de Sant Antonin, de manos del conde.

El segundo capítulo empieza explicando que ha compuesto la canción a semejanza de la “Canción de Antioquía”, que le sirve de ejemplo y se recita con el mismo ritmo, para quien sepa recitarla:

“Senhors, esta canso es faita d’aital guia

com sela d’Antiochia et ayssi’s versifia

e s’a tot aital so, qui diire lo sabia”

Continúa el texto inmediatamente poniendo en antecedentes de los hechos que llevaron a promover y proclamar la cruzada, así como a contar la predicación de la misma por todo el territorio y cuales fueron los primeros señores en sumarse a ella.

El siguiente grupo de versos lo dedica a explicar el intento de negociación en vano, por parte del Conde de Tolosa y el resto de los grandes barones de la zona, intentando detener la contienda.

En los siguientes grupos de versos, explica los inicios de la cruzada y la toma de Béziers el 22 de julio de 1209, donde se recoge la frase que se hizo tristemente célebre del legado papal: “matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos.”

Los siguientes párrafos relatan el asedio y la toma de Carcassonne el 15 de agosto de 1209. En estos versos aparece la mediación del rey Pedro, de Aragón, padre de Jaime I, el conquistador.

A continuación sigue redactando los sucesos del “pays de conques”, el fin de la primera campaña de los cruzados, la disolución del ejército cruzado en otoño de 1209 y las negociaciones que tuvieron lugar en este tiempo entre los cruzados y el Conde de Tolosa.

En los apartados siguientes nos habla del viaje del Conde de Tolosa a Roma para pedir perdón al Papa y como éste se lo concede. Como vuelve el legado papal a Tolosa y de que forma entre éste y el obispo de Tolosa inician una serie de predicaciones por todo el territorio para convencer a los herejes.

Ante el fracaso de estos, en la primavera de 1210 se reemprende la cruzada y así se pone asedio a Minerve en los meses de junio y julio del mismo año. Sigue el relato del asedio de Termes, que duró desde agosto hasta diciembre, que cayó al fin en manos de los cruzados. Sigue el relato con los concilios que se celebraron en Saint-Gilles (julio de 1210) y de Arles (Febrero de 1211). El ultimátum lanzado por los legados papales al Conde de Tolosa, esta vez en presencia del rey de Aragón, en unos términos tan denigrantes, que obligaron al Conde a rechazarlos. De esta forma, a finales de febrero de 1211 se rearma de nuevo la cruzada.

Relata a continuación las tomas de Cabaret y Lavaur, la primera realizada el 12 de marzo y la segunda el 3 de mayo, tras un asedio de algo más de un mes y medio.

Termino aquí con esta éxposición del contenido del libro aún dentro de la primera parte que se supone escrita por Guillermo de Tudela, que continuaré en un próximo episodio.